viernes, 5 de noviembre de 2010

Unas zapatillas, una tarde como tantas otras



Noche sobre Kastraki, Meteora.
Foto: Meteora silhouette

Unas zapatillas, una tarde como tantas otras, los árboles del parque. Volver al origen. Unas zapatillas, una tarde como tantas otras, los árboles del parque. M, como una de tantas tardes se calza sus zapatillas y deja atrás las calles del barrio para entrar al parque por la puerta de Alcalá, como uno de tantos días. Los mismos árboles de siempre, las mismas sombras, los pocos transeúntes que pasean entre las hojas caídas una noche de entre semana de mediados de otoño. M no entendería la gran ciudad sin esas noches de otoño e invierno en el Retiro.

Madrid, a través de los árboles del parque se va camuflando poco a poco. Unas zapatillas, una tarde como tantas otras, M corre por los caminos más oscuros entre palacios de cristal, pero la ciudad va transformándose. Los árboles desparecen, el camino de tierra se convierte en una carretera asfaltada, y bajo el camuflaje de la noche el Retiro ya no es el Retiro, sino una carretera empinada que bajo las montañas de Meteora serpentea entre monasterios a la salida de Kastraki en una noche de otoño. Unas zapatillas, una tarde como tantas otras, y M regresa al mismo punto. A ese punto en el tiempo corriendo con J bajo las estrellas por Meteora días antes de maratón. Al olor de las brasas de las tabernas de Kastraki y una cena griega bajo los monasterios. Al punto de esos días paseando por las Termópilas, por Delfos, por Micenas, por Olimpia, soñando atardeceres en cabo Sunion, atravesando las carreteras de Grecia en un coche alquilado, con la mejor de las compañías, soñando con maratón. El Retiro, en silencio, se desnuda, y los árboles del parque ya no esconden más árboles detrás. Ahora se ve el mar, y a dos días de maratón las zapatillas corren por el Pireo estirando las piernas para la batalla.

Unas zapatillas, una tarde como tantas otras, y el mismo punto de siempre detenido en el tiempo. Ese punto bajo la lluvia corriendo desde las llanuras de maratón hasta Atenas, hasta el estadio olímpico. El maratón clásico, la mayor satisfacción de muchos años de corredor.

El parque queda atrás de nuevo, y el sonido del tráfico por Recoletos poco a poco vuelve a la realidad a la gran ciudad, pero al tiempo que M corre de regreso a casa no deja de disfrutar de esos recuerdos de lo vivido hace justo un año, de esos recuerdos que ya siempre serán parte de sus tardes, de esas tardes como tantas otras.

4 comentarios:

Santi Palillo dijo...

Hay que ver lo deprisa que pasa el tiempo, incluso para M

Commedia dijo...

El Otoño en Madrid ayuda a la nostalgia, de la buena. En fin, ¿qué harían los corredores de Madrid sin parques como El Retiro? A ver si encontramos un momento para quedar por allí, que el Sr. Palillo seguro que también se apunta.

Miguel dijo...

Hola Santi! Frente al espejo, M parece W, pero todo parecido es pura casualidad. Por suerte, todos los personajes y lugares de las historias de Palillo son inimitables. E inigualables. M (o C o J) ni siquiera tienen vocación de personajes Sólo eran una pequeña licencia para contar una semana muy "austeriana", que por cierto, ahora parece muy lejana en el tiempo... Me apunto a la idea de Commedia, ¡tenemos una carrera por el Retiro pendiente!

Buenas Commedia! Madrid siempre ayuda a todo, ¡y en otoño y en primavera está especialmente bonito! Cada vez "M" entendería menos cosas sin Madrid por medio. ¡me apunto la proposición! Eso si, ahora ha llegado Candela a nuestro pequeño planeta, y afortunadamente ha puesto todo patas arriba, así que voy a necesitar algo de tiempo... ¡al menos tendré que esperar a que todos los días dejen de ser de 2 o 3 horas! Queda pendiente, que tengo ganas de conoceros en persona!

un saludo a los dos!

Commedia dijo...

Vas a empezar a salir a horas intempestivas, si no, al tiempo... ya nos contarás

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