martes, 30 de marzo de 2010

El mundo gira (off topic)

"Le gustaba al Mochuelo sentir sobre sí la quietud serena y reposada del valle, contemplar el conglomerado de prados, divididos en parcelas, y salpicados de caseríos dispersos. Y, de vez en cuando, las manchas oscuras y espesas de los bosques de castaños o la tonalidad clara y mate de las aglomeraciones de eucaliptos. A lo lejos, por todas partes, las montañas, que, según la estación y el clima, alteraban su contextura, pasando de una extraña ingravidez vegetal a una solidez densa, mineral y plomiza en los días oscuros.

Al Mochuelo le agradaba aquello más que nada, quizá, también, porque no conocía otra cosa. Le agradaba constatar el paralizado estupor de los campos y el verdor frenético del valle y las rachas de ruido y velocidad que la civilización enviaba de cuando en cuando, con una exactitud casi cronométrica.

Muchas tardes, ante la inmovilidad y el silencio de la Naturaleza, perdían el sentido del tiempo y la noche se les echaba encima. La bóveda del firmamento iba poblándose de estrellas y Roque, el Moñigo, se sobrecogía bajo una especie de pánico astral. Era en estos casos, de noche y lejos del mundo, cuando a Roque, el Moñigo, se le ocurrían ideas inverosímiles, pensamientos que normalmente no le inquietaban:

Dijo una vez:

- Mochuelo, ¿es posible que si cae una estrella de ésas no llegue nunca al fondo?

Daniel, el Mochuelo, miró a su amigo sin comprenderle.

- No sé lo que me quieres decir – respondió.

El Mochuelo luchaba con su deficiencia de expresión. Accionó repetidamente con las manos, y, al fin, dijo:

- Las estrellas están en el aire, ¿no es eso?
- Eso.
- Y la Tierra está en el aire también como otra estrella, ¿verdad? – añadió.
- Sí; al menos eso dice el maestro.
- Bueno, pues es lo que te digo. Si una estrella se cae y no choca con la Tierra ni con otra estrella, ¿no llega nunca hasta el fondo? ¿Es que ese aire que las rodea no se acaba nunca?

Daniel, el Mochuelo, se quedó pensativo un instante. Empezaba a dominarle también a él un indefinible desasosiego cósmico. La voz surgió de su garganta indecisa y aguda como un lamento.

- Moñigo.
- ¿Qué?
- No me hagas esas preguntas; me mareo.
- ¿Te mareas o te asustas?
- Puede que las dos cosas – admitió.

Rió, entrecortadamente, el Moñigo.

- Voy a decirte una cosa – dijo luego.
- ¿Qué?
- También a mi me dan miedo las estrellas y todas esas cosas que no se abarcan o no se acaban nunca."

- El Camino - Miguel Delibes.



El mundo sigue girando. Demasiado deprisa, quizás. Pero nada que objetar, todo lo contrario. Tan deprisa que el tiempo en ocasiones deja de ser cronológico para convertirse en vital. Tanto como para que los pequeños misterios sigan sin tener grandes soluciones.

. Las pequeñas cosas nos alegran el día a día, le dan un sentido a las grandes cosas, a aquellas que son tan grandes que por sí solas llenan nuestra existencia, pero apoyándose en las pequeñas de manera que lo grande y lo pequeño al final se confunden y forman eso que es nuestra vida.

. El mundo sigue girando. Deprisa. Deprisa. Y nosotros también nos movemos con él. Nada que ver con el miedo, porque ni mucho menos lo es. Sólo respeto por algo tan grande que dudo que un solo planteamiento pueda abarcarlo. Sólo la necesidad de -en ocasiones- bajarme un momento a reflexionar para contrarrestar velocidad y tiempo. Nada que ver con el vértigo de la velocidad, pero si con el tiempo de asimilación de las alegrías. O de los instantes vividos. Aquellos que forman nuestra vida.

. Esperamos un bebé y las próximas nieves traerán la visita de las cigüeñas. De momento les anotamos bien nuestra dirección. El mundo gira. Gira más rápido que nosotros. Pero siempre nos pilla en movimiento.

. Me cuesta mucho describir lo feliz que me siento desde hace semanas. Con esa mezcla de euforia y de cautela. De cautela esperando que todo vaya bien. De cautela cuando me planteo: -¿pero yo estoy preparado para ser padre?-. Pero de euforia al fin y al cabo. De euforia porque me siento muy feliz. De euforia porque presiento que lo que nos queda por delante va a ser muy grande. De euforia, sin miramientos, porque no creo que exista ese momento en que uno se pueda decir que ya está totalmente preparado, sino que eso es algo que debemos de ir aprendiendo sobre la marcha, de la misma forma que aprendemos a vivir. De euforia por la suerte que tengo al tener una familia y unos amigos como los que tengo. Y además con la euforia de saber que para una aventura tan grande tengo a mi lado a la mejor persona posible. A esa persona que llena el día a día de pequeñas cosas, de las cosas más valiosas, y hace que cada día sea muy grande. Y eso si que me hace sentir muy afortunado.

El mundo sigue girando. Y nosotros con él.

4 comentarios:

Gonzalo Quintana dijo...

Enhorabuena, esta es otra experiencia vital que te cambia la vida.
Cuando era pequeño había un niño en mi clase al que llamábamos (nunca supe porqué) Dani el Mochuelo, mira por donde ahora me doy cuenta de donde venía. Un saludo.

Jan dijo...

Enhorabuena, Miguel. Esto si que es un cambio, el más importante de tu vida. Y una experiencia maravillosa.

Un fuerte abrazo

Javi dijo...

Me siento orgulloso de ser participe en vuestra felicidad y de poder compartir con vosotros tantos momentos y de los que nos quedan aun por vivir, que estoy seguro que serán muchos y mejores.

Estaremos encantados de ayudaros a cuidar al bebé, que seguro que un poco de ayuda os vendrá muy bien.

Seguiremos girando dentro del mundo e intentado buscar la felicidad.

Carlos dijo...

¡El domingo no lo sabía Miguel, me enteré ayer por Marisol!

¡Claro que estás preparado para ser padre Miguel!, no será fácil, y será radicalmente distinto de cómo te lo imaginas ahora, y tendrás diez hijos y con cada uno aprenderás cosas nuevas sobre tu faceta de progenitor, pero será una aventura apasionante cada vez, te lo garantizo.

Ahora disfruta con calma de cada momento.

Un abrazo. ;-)

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