martes, 27 de abril de 2010

El día me encuentra

(Agradecimientos MAPOMA 2010)


Madrid, 25 de Abril de 2010

Volver al origen. Volver para intentar recordar y no olvidar. Sobre todo cuando el destino nos encuentra y nos toca a nosotros decidir. Poco podemos hacer. Sólo elegir. Y en ocasiones ni tan siquiera eso. El destino nos encuentra. Pero también nos manda señales. Y debemos recordar. No olvidar. Sobre todo cuando debemos de estar tan agradecidos.

La última semana fue muy dura. A falta de siete días apenas podía caminar, sentarme o tumbarme sin dolor. Pero apareció de la nada mi chamán particular (mil gracias, Jorge) y consiguió ponerme apunto. Semana de masajes y tratamiento. Quizás tanto que perdí muchísimo tono muscular. Pero eso era lo de menos. Lo importante era recuperarme y llegar. Y vaya si lo consiguió. Como ya conté, problema de lumbares. Contractura en los piramidales con afección al ciático y las piernas que se acalambraban cada dos por tres. El miércoles pude trotar con ligeras molestias. El viernes ya podía correr al menos 30 minutos casi sin dolor. Y el domingo estaba a punto para poder soñar. De verdad Jorge, gracias por todo. Sin la enorme recuperación de esta semana no hubiese llegado.

El domingo amanece soleado. Como continúa la historia ya lo sabéis. La puerta de Alcalá queda atrás. El destino así lo ha querido. Y tras sufrir el desierto de asfalto el cielo azul de Madrid nos espera. Todo no ha podido ir mejor. Las molestias en los gemelos desde el kilómetro 7 no han sido graves y he podido negociar con ellos. Tanta hidratación y en la Casa de Campo sólo pienso en buscar un árbol para esconderme. Pero sabía que no podía parar. Y menos mal que no lo hice. Sabía que los calambres acechaban y luego no iba a poder arrancar. Los kilómetros pasan y la negociación cada vez se va haciendo más dura. Por favor, aguantar. Ahora no. Desde Atocha se que en cualquier momento las piernas pueden decir basta, las siento al límite, pero sólo pienso en tirar y no bajar el ritmo. Voy tan concentrado con las piernas a tope que sólo pienso en llegar. En llegar. Ya está. Alcalá quedó atrás. El Retiro se abre ante nosotros. Veo el bordillo y lo presiento. Intento evitarlo con una pequeña rampa de madera que han colocado pero ya es tarde. Los calambres me agarran ambas piernas y tengo que tumbarme en el suelo. En un segundo veo que las chicas del SAMUR me están cogiendo para apartarme del centro de la carrera. Javi y el segundo enviado del destino - un desconocido llamado Miguel, que por más que le grito que no se empeña en pararse con nosotros - me estiran las piernas entre los dos. Me asusto porque veo que el SAMUR me quiere apartar al lateral. Les grito que estoy bien. Que me dejen. Que tengo que terminar, coño. Siento muchísimo las malas formas… Me incorporo y al instante vuelvo a tumbarme. No puedo. Todo pasa muy rápido. Vuelven a estirarme. El SAMUR les dice que me tienen que sacar de en medio de la carrera. Me cogen entre los dos pero no van hacia el lateral. ¡Se ponen a correr conmigo en brazos! Que grandes. Gracias. Se que hubieseis corrido así los 500 metros finales si hubiese hecho falta. Gracias. No veo. Sólo oigo una ovación enorme. Les vuelvo a gritar que me suelten. Que tengo que terminar yo. Perdonar otra vez el grito. No era mi intención, todo lo contrario. Todo ha ido muy rápido, apenas unos segundos. Me pongo de pie. Puedo caminar. Dos pasos y puedo correr. No se como cojones lo hicieron las piernas, pero lo hicieron. Podemos correr, disfrutar. Abrazarnos. Dedicar la carrera a las chicas. Correr los últimos 195 metros.

Gracias a los chicos del SAMUR. Perdonar si grité. Pero mil gracias. Miguel, apenas recuerdo tu cara. Sólo se que ibas sin dorsal y que 100 metros más adelante te sacaron de la carrera. No se de dónde apareciste ni a dónde fuiste, pero un millón de gracias. Jamás olvidaré ese gesto.

Maratón nos volvió a recibir con los abrazos abiertos. Esos 195 metros finales fueron espectaculares. Pero no podía dejar pasar estos días sin agradecer a aquellos que a cambio de nada me ayudasteis tanto. También a todos los nuevos grandes amigos que hemos hecho, y que habéis visitado nuestras tierras de Ítaca, las vuestras, para animarnos en los días difíciles y apoyarnos.

Otra cuestión sois los más cercanos. Cristina, Javi, Mónica, y ese ángel de la guarda que no se como coño se las apaña para estar siempre ahí. Vosotros ya sabéis que sin vosotros nada sería posible.

Nosotros lo estábamos esperando. Pero el destino nos encontró.

6 comentarios:

Gonzalo Quintana dijo...

Impresionante, yo corro maratones por historias como esta. Impresionante, estoy sin articular palabra...que grande es esta carrera y que fuerte puede ser la convicción de las personas para acabarla.

JUAN dijo...

Otra historia de épica y casi sobrenatural ¿qué pasa en los últimos metros que el cuerpo se olvida de todo?
Pues un día para no olvidar en la vida, enhorabuena
JUAN

Saturnino dijo...

Bonita historia y con final feliz, enhorabuena.
Ahora a recuperar esa piernas que tiene que estar listas para otras historias.
Un saludo.

Javi dijo...

Tu cronica de la carrera desde otro punto de vista. Mucho mas.... (no se como definirlo exactamente) pero muy bien detallado y muy bien argumentado.
Me encanta leerte Miguel, eres un artista!!

Tecolinha dijo...

Impresionante. De película total.
Me alegro de que no pasara nada malo ni a ti ni a los demás.
(Nota: Si hay una próxima vez, no te preocupes, que los del samur te sacarían por el peligro que supone para otros corredores y por el tuyo propio, pero no te hubieran "retirado" de la carrera. Creo que están para ayudar, no para sacar a nadie de la carrera. Te hubieran devuelto a ella, seguro)
Bueno, pues ENHORABUENA. ¡LO CONSEGUISTE!
Me alegro mucho por ti, te lo merecías.
Un abrazo.

Antonio dijo...

Enhorabuena.!!
Tu historia es ya famosa. Me la habían contado ayer por otro sitio. No lo olvidarás nunca y el dolor ya ha pasado.

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